Sin duda alguna Mel Gibson está recomponiendo su carrera, nos trae un filme espectacular, tras diez años de estar ausente, recupera su versión más brutal y espectacular.  Ya nos había demostrado su talento como director en La pasión de Cristo y Apocalypto,  que se caracterizaban no solo por la violencia y la crudeza de sus imágenes, si no por ser éxitos taquilleros, a pesar de estar habladas en arameo, latín, hebreo, y lengua maya, respectivamente, por tanto subtituladas, algo difícil de lograr en el mundo cinematográfico.

 Hasta el último hombre repite la operación de ese cine a lo grande, es una película que nos va envolviendo en la historia de manera sorprendente, tiene un poco de todo lo que nos hace amar el séptimo arte, comienza con los primeros años del futuro soldado y objetor de conciencia Desmond Doss (Andrew Garfield), el primer hombre en ganar una medalla al honor en combate sin disparar ni un solo tiro, también podemos ver la historia de amor con su futura esposa y el núcleo familiar disfuncional que retrata con dureza a un padre maltratador. Para pasar  al campo de entrenamiento militar donde Desmond es humillado de forma continua al negarse a empuñar un arma.

Las actuaciones son impecables, no sería raro ver a  Hugo Weaving nominado a mejor actor secundario en los próximos Oscar, el duro sargento interpretado por Vince Vaughn  también debería sonar para estatuilla y por supuesto el protagonista  Andrew Garfield.

La película muestra unas escenas de combate alucinantes, cámaras lentas  y planos secuencia de sangre, sudor y lágrimas que logran meter  al espectador en primera fila de la línea de fuego del frente japonés en la Segunda Guerra Mundial. Es algo complicado de describir con palabras, ya que verán un infierno en la tierra: mutilaciones, soldados estallando por los aires, piel quemada en carne viva, muertes y muertes por doquier. Si algo tiene Hasta el último hombre, es un claro alegato contra la guerra, nos deja ver una época donde  ir a combatir era casi obligatorio aunque se tratara de ir una muerte segura, además de las secuelas que la guerra puede ocasionar.

Basada en la historia real de Doss, un hombre lo suficientemente loco para salvar setenta y cinco vidas en una batalla sin utilizar un arma. Suena un poco increíble, e incluso por la carga religiosa podrían juzgarla mal, pero seamos honestos, en el lugar de los soldados y después de ver lo que vieron la fe es lo único que les queda.

De verdad es un filme muy disfrutable y como dato curioso veras cameos de Mel Gibson. Lo único que pudiera molestar es que  si la vas a ver doblada al español, el doblaje resulta extraño en ocasiones, ya que hacen un acento muy marcado, que se torna gracioso aun en momentos serios, también las pocas salas que le  dieron complica un poco verla.

En nuestra humilde opinión una de las mejores películas del año.