Nostalgia, sólo hace falta esa palabra para hablar de esta nueva película de los Power Rangers.

Son casi 25 años de su primer emisión en televisión y más de 20 diferentes programas, ahora llega una nueva versión cinematográfica bajo la producción de un estudio consolidado como Lionsgate.

El director Dean Israelite nos trae a unos Power Rangers con mayor profundidad en sus personajes, quienes se presentan con características y psicologías diferentes. Juntos logran una trama que fluye, que no se siente pesada a pesar de estar ante una película más sobre el origen de unos súper héroes.

La química entre los protagonistas es notoria y lo mejor, natural, cada actor le ofrece personalidad a su respectivo Ranger, Jason (Dacre Montgomery, Ranger rojo) y Zack (Judi Lin, Ranger Negro) son los más centrados, Kimberly (Naomi Scott, Ranger rosa), Trini (Becky G, Ranger amarilla) demuestran rebeldía y fuerza sin necesidad de ayuda masculina. Mención aparte para RJ Cyler (Billy, Ranger azul) que sale bien librado de lo que podrían ser algunos chistes bobos, rescatándolos con su personalidad.

Por otro lado, Bryan Cranston y Elizabeth Banks logran interpretaciones a la altura de lo que le ofrecen sus papeles; esto se traduce a una Rita Repulsa como la recordamos  amenazante pero a la vez con momentos cómicos, y aunque se note poco a Cranston en persona, el simple recurso de voz que tiene el actor es un memorable recuerdo de los doblajes que hacía en los programas de los 90.

Llega un punto en el filme donde conocemos de sobremanera a sus protagonistas, pero hemos visto muy poco a los Power Rangers y los Zords. El esperado momento de la pelea contra Rita Repulsa, es emocionante pero llega muy tarde a la trama, que podría decir se salva al escuchar Go, Go Power Rangers…

En ese momento todos nos volvimos a sentir niños, sí, la película falla, en efectos visuales y en otros detalles, pero logra algo que muy pocas y es el factor nostalgia, que te hace ignorar esos errores y disfrutarla como cuando eras pequeño.