Con un nombre poco común y estremecedor, el balcón del diablo está incrustado en la barranca del Jilguero, y desde ese punte se puede apreciar una vista del pueblo de Zacatlán como en ninguna otra, este balcón pertenece a un espléndido restaurante construido en 1997.

Cuenta la leyenda que por el siglo XVI, vivió una mujer muy hermosa que poseía una mirada sumamente seductora, por lo que ningún hombre podía negarse al placer de mirarla tan siquiera por un momento y dejarse llevar por las sensuales sugerencias de tan enigmática mujer.

Un día un grupo de monjes misioneros llegaron a la región de Zacatlán, todos quedaron contra su voluntad ante el misterio erótico de aquella dama.

Sin embargo, un de ellos que se dejó conducir por la belleza de la mujer y la siguió hasta lo más profundo del bosque en la cumbre de una montaña. Cuando ambos se encontraron a solas y en vísperas de consumar su intimidad, el cielo se lleno de estruendosos rayos.

Al instante la pareja quedó atrapada en medio de estruendos infernales, que producian sonidos ensordecedores provocando que la montaña se abriera de tajo.

Minutos después vino la calma y metros debajo de la cima de la montaña yacían dos piedras que a la fecha, permanecen en el mismo lugar, intactas como tratando de unirse nuevamente. Los cuerpos del monje y la mujer jamás fueron encontrados y desde ese momento existe la creencia que estas dos rocas son aquella pareja que puedes visitar en el balcón del diablo .