Cuentan en Puebla que hay varios túneles en las casas más antiguas, o sea, en las residencias de antes y que conectan con la catedral y también hasta con otras iglesias. A un costado de la catedral se ubica una casona que alberga la Biblioteca Palafoxiana, donde hay libros muy antiguos.

Hace muchos años un velador que se quedaba solo cuidando esa casona del seminario palafoxiano siempre oía ruidos en las noches y como le daba miedo, porque ya le habían platicado que había espantos en esa casona, entonces ni se atrevía a averiguar de dónde provenían los ruidos misteriosos. Una noche, sin embargo, llegó un primo suyo y estuvieron platicando hasta que se oyeron los ruidos. El velador le dijo a su primo: “Son unos espantos”. El primo no quiso creer y le dijo: “Vamos a ver qué es porque los que asustan son los vivos y no los muertos”. El velador no quería, pero accedió ante la insistencia de su primo.

Entraron en la biblioteca, donde se escuchaban los ruidos, y como no había nadie el primo dijo que seguramente eran las ratas. Los ruidos se oían provenir de atrás de un estante y el primo le dijo al velador: “Vamos a moverlo para ver qué es”. Y sí, movieron el estante y grande fue lasorpresa de ambos advertir que era la entrada a un túnel, es decir, abajo del estante, en el piso, estaba la entrada.

Con la curiosidad de descubrir qué había allá abajo, el velador fue a traer unas lámparas y así junto con su primo bajó unas escaleras que estaban bien empolvoradas. Encontraron un sótano donde hay muchos libros más antiguos en estantes que están guardados así como “bajo siete llaves”, o por decirlo de otro modo, nadie puede abrir los estantes. Según estaleyenda, nadie puede abrir los estantes porque los ruidos son de unos monjes fantasmas que cuidan esos libros. Se dice que los ruidos son como el murmullo de los monjes que están rezando, o bien, como cánticos o letanías.

No se sabe si el velador y su primo recorrieron otras partes del túnel, pero de acuerdo con la leyenda, al día siguiente el director del museo despidió al velador por haber explorado lugares sin permiso. Posteriormente, el director ordenó que sellaran la entrada debajo del estante para que así nadie entre y descubra los libros más valiosos.