El pasado martes 7 de marzo fueron ofrecidas dos de las tres funciones –la última será este miércoles a las 11 horas en el Teatro Principal– con las cuales termina el ciclo de presentaciones de esta puesta en escena que formó parte del Programa Nacional de Teatro Escolar, que coordina la Secretaría de Cultura federal y su símil estatal.

Ebur, confía el dramaturgo Rafael Pérez de la Cruz, es una pieza inspirada en un hecho real que refiere a la violencia a la que están expuestos los escolares; particularmente, a las balaceras que ocurren, cada vez con más frecuencia, afuera de los espacios educativos.

Ebur, además, es una obra teatral pensada para la infancia, para niños que están dejando esta etapa y transitan hacia la adolescencia, que experimentan sus propias problemáticas y fantasías, en un mundo en el que suelen “aparecer cosas nuevas”.

La pieza, confía el becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, encuentra su soporte en la visualidad y en la percepción que puedan tener de ella sus jóvenes espectadores, lo mismo alumnos de centros escolares que escuelas federales ubicadas en la capital o en municipios de Puebla.

Ante ellos, Ebur presenta cuatro conflictos: aquel que lleva a dos hermanos –Tadeo y Tomás– a competir, luego a hermanarse y a reconocerse; y a dos niñas que vencen cualquier tipo de prejuicio –como el que las niñas solamente están con las niñas y los niños con los niños– gracias a la fortaleza de su amistad.

“Jugamos desde lo estético, nos arriesgamos a esas fábulas, a lo trozado de las escenas y los diálogos”, explica Pérez de la Cruz respecto a este montaje teatral dirigido por Francisco Vidal y Daniel Hilario, diseñado en su vestuario por Sandra Parra, confeccionado por Mica Munguía y Rosario Benítez, iluminado por Aldo Arnoldo Alemán, asesorado por Víctor Zavala, y diseñado por Julio María y El cuartovacío.

Ahí, montados en un escenario que emula un piso elevado diagonalmente que causa en sí mismo desequilibrio y conflicto, Karla Ibarra, Fernanda López, Vid Torres, Jesús Rojas, Daniel Hernández Santa María y Luis Casco, interpretan las imaginaciones de los protagonistas de Ebur, mientras sucede una balacera al exterior de su salón de clases.

Ahí está el niño que es el campeón del trompo –Tomás–, quien es hermano de Tadeo, un niño especial según sus padres y espacial según él, porque le gusta pensar que es un astronauta, que compiten en un desigual concurso: aquel planteado por sus papás quienes sobreprotegen a uno y del otro no saben siquiera su nombre.

Ahí están, también, dos niñas que descubren su profunda amistad, asentada en un juramento infantil que al final les hace vencer los prejuicios de los adultos representados en un viejo, en la boca de un viejo que solo repite la palabra ¡miserable, miserable!

A su lado, y a la par de lo visual, la pieza Ebur propone un diálogo musical y vocal ejecutado por el músico Roberto Mendoza, quien es artífice y cómplice de las fantasías de los protagonistas. Él complementa, da vuelo, abre pista, arrulla y hace ver que los adultos también tienen pesadillas como los niños y, peor aún, que siempre sienten miedo.

En todos ellos, además, está la pugna por saber quiénes son. “Lo siento, eres todo lo que piensan que eres”, dice Tomás a Tadeo, y este le responde que no, que él no es cómo los adultos piensan, sino que él es él aunque que no quisiera serlo.

Está, también, una invitación a pensar en el presente porque es lo único que existe y no en el futuro, porque es algo que no se han imaginado. Asimismo, está el ánimo de saber que todos los prejuicios “han sido en todos los tiempos criaturas con bocas llenas de mentira” y “que todas las hojas son diferentes aunque se piense que todas son iguales”.

En Ebur, en suma, está un retrato de la forma en que se da este paso, el de la niñez a la pubertad, y de la manera en que se descubre la amistad, y de cómo uno se refleja en el otro.

Tras una serie de funciones como parte del programa nacional, la pieza continuará su rumbo en Pachuca, en el espacio para adolescentes Jóvenes poéticas; en Iguala, en el Festival Elena Garro, y con una lectura dramatizada en el Festival de Lecturas Dramatizadas, en la Ciudad de México.