Cuando se estaba construyendo el Convento de Zacatlán , un indígena informó a los frailes sobre la existencia de un gran animal que antes de la llegada de los españoles había puesto en continuo jaque a los nativos de los contornos, habían intentado cazarlo varias veces, pero nunca lo pudieron lograr. Tanto fue así, que les infundió un gran respeto a tal grado de ser considerado como un Dragón, un animal sagrado.

Los frailes, aunque un poco escépticos, se dispusieron a atrapar a la bestia, conllevados por el entusiasmo de los nativos zacatecos, a lo que se dispusieron prontamente.

¿Qué fue lo que encontraron?

Y dicho y hecho, habiéndose logrado atrapar con vida al enorme animal, los frailes se quedaron pasmados, maravillados ante la increíble y fantástica que les resultaba aquella extraña criatura, creyendo entonces que era obra del diablo.

Cuenta la conseja popular, que se dispuso en algún lugar de la iglesia del convento un sitio acondicionado especialmente, y que en un principio fuera una atracción para propios y extraños, que venían atraídos por la noticia de su captura. Los años fueron pasando y alrededor de la gran bestia se fueron tejiendo una de las más singulares leyendas que subsiste hasta nuestros días.

Cuando se hubo atrapado al enorme saurio y llevado a los supuestos sótanos de la iglesia del convento, se hicieron cargo de este los frailes, que en un principio se habían rehusado a cuidarlo. En un principio permitían ver al dragón, con cuya denominación ya era conocido de todos, pero al ir pasando el tiempo, ya no permitieron ver más a la bestia, pues argumentaban que era producto de las maquinaciones del demonio para desviar a los nativos de su naciente creencia religiosa, y añadían, que el que lo llegara a ver, condenaría su alma al fuego eterno de los abismos infernales.

¿Qué dice la leyenda?

Nos cuenta la leyenda, que había determinados momentos en que los encargados de la custodia de éste, desaparecían bajo las galerías o sótano que supuestamente existen bajo el piso de la iglesia del convento, y no se sabía nada de ellos hasta pasados algunos días en que volvían a parecer, dedicándose por completo a sus actividades cotidianas.

Estas extrañas desapariciones de los frailes se hicieron sospechosas a los ojos del pueblo y algunos los asocian con extraños ritos dedicados al diablo, otros que para purgar quien sabe que negros pecados, más otros; les daban poca o ninguna importancia al misterio de los frailes.

Un día, cuando hubieron bajado a las galerías como era su costumbre, sucedió que hubo un temblor que sólo afectó paradójicamente a la iglesia. Los frailes aparecieron más pronto que de costumbre y con los semblantes descompuestos. Al preguntarles el porqué de su espanto, la contestación que recibieron de aquellos no fue menos que terrible. Pues parece, y así se cuenta hasta nuestros días por la conseja popular, que en la época de la construcción del edificio, cuando se hubo atrapado al dragón, se le tuvo que buscar un espacio, y que fue precisamente bajo los cimientos del mismo, siendo entonces imposible sacarlo posteriormente, por lo que se optó, para que no muriera, alimentarlo lo mejor que se pudiera, porque si el animal falleciera, el hedor sería tan insoportable, que el lugar sería considerado como maldito.

Ahora, en su prisión, el terrible dragón se había removido acuciado por la fatal hambre que le corroía. Ellos sabían, que el motivo por el cual desaparecen bajo el piso de la iglesia era para alimentarlo, y así, calmada su hambre, con su furor no hiciera derrumbar el edificio. Pero aquel día en el que habían bajado, el animal estaba furioso y trató de atacar a los guardianes, pero estos escaparon milagrosamente de sus garras, pensando que con su terrible fuerza haría caer totalmente al edificio, sepultando a todos los que ahí se encontrasen, y sin siquiera poder rezar por la salvación de sus almas, condenada tal vez, al crepitante fuego de los infiernos.

¿Qué pasó con este animal Sagrado?

Se cuenta, que desde aquel día se redoblaron los diezmos a la población zacateca que consistía principalmente en aves de corral, y toda una serie de animales domésticos y silvestres, y todo esto iba a parar a la boca del dragón. Fue así como se volvió a someter al enorme animal antediluviano, que por alguna casualidad había prolongado su existencia hasta la Era Cristiana. Al contener al monstruo en su hambre insaciable, jamás intentaría escapar de la prisión en la que se encontraba.