LEYENDA DEL ROMPOPE, PUEBLA

Durante el periodo colonial, en la ciudad de Puebla de los Ángeles, las monjas clarisas tenían la fama de ser las mejores anfitrionas para hospedar a celebridades y personajes encumbrados de la época. Las religiosas de la congregación de Santa Clara no sólo pecaban de afables, también preparaban los más exquisitos manjares y bebidas del Nuevo Mundo; algunos, incluso, de su propia invención.

Cuenta la leyenda que una monja mestiza de nombre Eduviges era la encargada de preparar el rompope. Una bebida que, aunque hoy nos parece cándida, en aquel entonces estaba prohibida para las religiosas por contener alcohol. Por ello, de entre todas las hermanas, ella era la única autorizada por el obispo para probarlo mientras le daba sazón. Como era de esperarse, el sabor de esta bebida era tan bueno y la curiosidad de sus hermanas tan grande, que Eduviges logró arreglárselas para convencer al obispo de que “una copita al día no le hace daño a nadie”, consiguiendo así que las otras monjas —y sus familias— pudieran probar esta bebida que en un principio estuvo reservada para la élite novohispana.

Con el paso del tiempo, la popularidad del rompope de las monjas del convento de Santa Clara se fue extendiendo por toda la Nueva España, convirtiéndose en el sustento de la congregación, junto con otras delicias como el mole, los camotes e infinidad de dulces típicos.

Actualmente, se le prepara en todo el país, pero dicen que la receta original sigue siendo un secreto fuera de los muros del convento donde se inventó.

Crédito a Quién Corresponda.