De estación de ferrocarril a museo nacional en Puebla

Al ser la primera estación edificada en Puebla, causó gran impacto en la ciudadanía que la inauguración dio paso a un festejo que duró aproximadamente seis días

El ruido del silbato, el humo de las locomotoras y la gran afluencia de la ciudadanía era muy común verse en la 11 Norte entre la 4 y 18 Poniente del Centro Histórico de Puebla, lugar donde se construyó la primera estación edificada de ferrocarriles en México, misma que hoy es un recuerdo y lo que aún se conserva se ha vuelto el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos.

En 1850 comenzó la construcción del ramal del ferrocarril entre Apizaco, Tlaxcala y la ciudad de Puebla, proyecto que no solo representaba mayor movilidad, sino también el progreso en la entidad poblana, mismo que en ese entonces tenía una longitud de 47 kilómetros.

Para el 16 de septiembre de 1869, el entonces presidente de México, Benito Juárez, visitó la ciudad en donde inauguró la estación que en su momento se pensó sería provisional, ya que era de madera y estaba planeada para derrumbarse después, sin embargo, esto dio un giro distinto.

Con la estación de Puebla se alcanzaron los 186 kilómetros que se pusieron en operación para la población que viajaba de la ciudad de México a Puebla, lo cual resultó un beneficio que dejó marcada la historia, pues para ese entonces el tren era un medio de transporte de gran relevancia.

INICIÓ COMO FERROCARRIL IMPERIAL DE MÉXICO

La estación del ferrocarril en Puebla fue parte de un proyecto de concesión que nace en 1837, para hacer una ruta de ferrocarril que transitaba de México a Veracruz, así como iría hasta el Océano del Pacífico, sin embargo, ésta última no se logró.

Posterior a ello se cambió la concesión y solo se construyeron 13 kilómetros, pero fue a partir de 1850 cuando inicia una nueva etapa, en la que se agregan 11 kilómetros y más adelante en 1857 se avanza también en la Ciudad de México.

Fue hasta la llegada del emperador Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena en 1864, cuando se entregó un nuevo permiso para la creación de Ferrocarril Imperial de México, por lo que se agilizó la construcción de este ferrocarril.

La estación se convirtió en el estacionamiento de los carros foráneos, pero al mismo tiempo también se buscó darle un giro y con ello crear el museo nacional para preservar el patrimonio de la ciudad.

Un 5 de mayo de 1988 el presidente Miguel de la Madrid Hurtado inauguró el Museo Nacional de los Ferrocarriles, mismo que solo contaba con alrededor de 10 piezas de colección, tales como locomotoras y automóviles.

La instauración de éste fue motivo de abrir el panorama sobre las piezas históricas, por lo que se creó un programa de recuperación de locomotoras, pinturas, planos, fotografías, entre otros documentos que pasaron a ser parte del museo que hoy se conoce y que guarda alrededor de 100 piezas.

Por ello actualmente se observan ferrocarriles de diversos tamaños, colores y con diferentes funciones, además de vehículos que también se ocupaban en ese entonces. En la zona también hay espacios dedicados a los documentos que guardan la historia de los ferrocarriles.